Lecciones aprendidas sobre acompañamiento estudiantil que marcarán 2022

En Nimbi estamos convencidos de que es importante empezar el año reflexionando sobre el pasado reciente para que todos los que estamos involucrados y comprometidos con el éxito estudiantil en la Educación Superior y Continua afrontemos el futuro inmediato en las mejores condiciones. Parte de ese ejercicio de reflexión ha consistido en conversar con expertos en acompañamiento estudiantil para extraer las grandes lecciones que nos dejó 2021 y definir las tendencias que deberíamos ver en las instituciones educativas a partir de 2022. Este blog es un resumen de lo más destacado de esas conversaciones.

Por un lado, conversamos con Waldo Piñats Franco, Vicerrector de Vinculación con el Medio y Desarrollo Estudiantil, del Instituto Profesional de Chile (IPChile), acerca de las grandes lecciones que dejó la pandemia en las instituciones técnico profesionales de Chile con el objetivo de que podamos aprender de ellas. Y, por otro, con Enrique Castillo Anderson, jefe de la oficina de Análisis Institucional del Instituto Profesional IPLACEX, quien también compartió sus impresiones y una visión general acerca de la Educación Superior y las tendencias que veremos en 2022.

3 grandes lecciones sobre acompañamiento estudiantil en 2021

1. Lección tecnológica-académica. En primer lugar, Piñats destaca que la tecnología jugó un papel crucial para lograr pasar de la presencialidad a la virtualidad de la noche a la mañana en un tipo de educación, como la técnico profesional, donde “el estudiante aprende haciendo, en el taller”. Con el estudiante en casa “hubo que replantear todos los procesos académicos, valorar el sistema híbrido y avanzar a pasos agigantados hacia un horizonte que veíamos mucho más lejano”.

Castillo añade que “la tecnología se volcó hacia la metodología de la docencia, ya que era imposible hacer clases presencialmente”. Aunque también, en menor medida, hacia los servicios transaccionales relacionados con los estudiantes, ya que en esa área las instituciones educativas llevaban algo de camino recorrido como, por ejemplo, con los certificados digitales, boletines de notas, solicitudes y requerimientos. Y señala, “que el gran esfuerzo se realizó en el desarrollo de contenidos multimedia, licencias de plataformas e inversiones tecnológicas de red para soportar altos niveles de conectividad, teniendo que implementar hardware de muy avanzada tecnología, y por ende de muy alto costo, que permitiera el alto nivel de tráfico de red, en algunos casos con más de 50 mil conexiones concurrentes, y que los estudiantes pudieran conectarse a sus clases de manera normal; el esfuerzo en esa materia fue titánico”.

2. Lección sobre el aprendizaje del alumno. En segundo lugar, Piñats destaca que descubrieron que el proceso de aprendizaje del estudiante era distinto de lo que se creía. Y desvela que “se trataba de un estudiante consumidor de mucha información, que aprende a través de canales diferentes: el computador, el iPad, el celular… haciendo muchas cosas al mismo tiempo”. De manera que “la riqueza del proceso formativo radicaba más en la integración de todos esos canales que en la transmisión lineal de información”.

Castillo añade que, teniendo en cuenta este contexto, muchas instituciones se ocuparon de recolectar información de mayor calidad acerca del estudiante y sus actividades, sobre todo enfocadas a determinar qué tan comprometido estaba el estudiante con su quehacer. “Se empezó a medir quién se conectaba al Learning Management System (LMS) y quién no, quién desarrollaba las actividades académicas, cómo iba progresando las tasas de aprobación, etc. Información que nos ayudaría a entender mejor a los estudiantes y cuáles son los factores que les afectaban”.

3. Lección sobre el seguimiento del estudiante. Como consecuencia de lo anterior, Piñats añade que hubo que adaptar todo el seguimiento y el apoyo que se hacía a los estudiantes a la virtualización porque aparecieron nuevos factores desconocidos hasta entonces. En su opinión, los más destacables fueron el de la inequidad de los estudiantes respecto a las tecnologías de la información y el problema de la salud mental. Respecto a esto último indica que “debido a la incertidumbre, los estudiantes empezaron a tener problemas de ansiedad, depresión y tuvimos que salir a su encuentro porque estos problemas amplifican los problemas de deserción”. Para ello en su institución se organizaron talleres, charlas con psicopedagogos, etc. y destaca que “la experiencia fue tan buena que se decidió mantener este tipo de actividades”.

Piñats explica que para adaptarse a la nueva realidad decidieron generar toda una red de apoyo virtual, consistente en salir al encuentro del estudiante y no al revés. “La idea era: necesitamos reunirnos contigo y no hace falta que sea en un horario determinado, sino cuando tú puedas. También hicimos cosas muy insólitas, como desarrollar tecnologías para juntarnos con los estudiantes a través de los celulares”. Por otro lado, en lugar de realizar el acompañamiento por sedes, “lo hicimos a nivel nacional: es decir, si el estudiante llamaba, lo atendíamos sin importar de qué zona fuera. Además, decidimos ofrecer el mismo servicio a la educación media técnica profesional, con el objetivo de establecer puentes para que continúen con sus estudios o sus especialidades”.

Castillo coincide con Piñats en que no todos los alumnos se encontraban en igualdad de condiciones frente a la pandemia, sin embargo, “se buscó acompañar al estudiante con su familia y no abandonarlo a su suerte, algunas medidas económicas adoptadas como los retiros de fondos AFP [sistema privados de pensiones] y los IFE [beneficio económico para las familias] apalancaron la disminución de morosidades”. En su opinión, el resultado del ejercicio fue que “las tasas de morosidad no se dispararon, las tasas de retención en general aumentaron y en algunos casos se mantuvieron, las tasas de aprobación aumentaron”. Y sentencia que “el nuevo desafío será mantener estos indicadores con la vuelta a la presencialidad”.

En cuanto al seguimiento del estudiante, Castillo señala que gracias a toda la información recogida acerca del estudiante, “aparecieron las Edtech para entregarnos información del denominado engagement o compromiso, con capacidad, a través del machine learning, para medir qué estudiante necesita más apoyo, quien está teniendo problemas en el proceso y cómo podemos acompañarlo. Y destaca que lo importante de los modelos de acompañamiento es que sean personalizados para cada problema del estudiante, y que no se apliquen sólo políticas masivas, “puesto que carecer de un modelo personalizado es poco eficiente en términos del apoyo real que entregaremos a quien lo necesita”.

Castillo añade que, en términos de acompañamiento, hoy en día es muy relevante considerar “cómo apoyamos al estudiante para que lleve a cabo, de buena forma y a tiempo, sus procesos, inducciones, asistencia a sistemas de apoyo, etc”. Además, dice, es fundamental automatizar ciertas tareas “que nos permitan estar siempre con el estudiante, generar nudges o empujoncitos dirigidos a nuestros alumnos que aseguren una buena tasa de éxito de la actividad y finalmente generar engagement, lo que repercute de forma positiva en la retención estudiantil como resultado final del proceso”.

Tendencias en 2022

De cara al 2022, Piñats afirma que seguirán saliendo al encuentro del estudiante para identificar aquellos que puedan estar en dificultades y conectarlos con especialistas, como psicopedagogos o psicólogos, justo cuando lo necesiten. “Esto significa fortalecer todos los sistemas predictivos para recoger también las variables que están en el mundo virtual”, dice. Hay que tener en cuenta que en el mundo virtual la asistencia no existe. Por tanto, la idea es recoger la interacción del estudiante: “cuántas veces ingresó en el sitio, si mandó o no un trabajo… para que los consejeros tengan la información antes de que se produzca el problema”. En su institución ya se recoge información de diferentes fuentes que se van integrando en los sistemas de seguimiento del alumno: “se realiza seguimiento de asistencia, de rendimiento o de problemas económicos que, al final, se canaliza en un grupo de informes que en nuestra institución se llaman indicadores de producción académica y que se monitorean siempre”.

En IPChile han creado un sistema in-house para cumplir con estos objetivos, pero asegura que “los sistemas siempre pueden actualizarse con visiones más frescas. Hoy en día, todo está bien integrado, pero siempre habrá vacíos que llenar. Y cita cómo el seguimiento de la virtualidad es una tarea más complicada de lo normal porque hay que enseñar al sistema predictivo a analizar la información de la virtualidad”. Lo interno, añade, “tiene un límite que es la capacidad instalada de la institución”.

De ahí que Castillo señale que una de las principales lecciones aprendidas en 2021 que repercutirá, sin duda, en 2022 es que, en la educación superior, “podemos ser más innovadores de lo que creíamos y podemos ir más allá por nuestros alumnos, generando mayor compromiso y lealtad hacia ellos con niveles no antes experimentados”.